De estas especies, se estima que entre 560 y 720 se encuentran en el Amazonas colombiano, según el Programa de Evaluación y Monitoreo Instituto Alexander von Humboldt. La Fundación Grupo para la Promoción y Gestión del Desarrollo Sostenible – Grupo PROA trabaja por el desarrollo territorial sostenible de esta región a través de las aves.
En una conversación con el Fondo Noruego para los Derechos Humanos (FNDH), Camila Pérez y Kees van Vliet, de la Fundación Grupo PROA, comparten que esta labor que promueve el fortalecimiento de capacidades y la gestión del conocimiento para el desarrollo de iniciativas de aviturismo, lideradas por comunidades indígenas del Sur del Trapecio Amazónico.
La Fundación Grupo PROA es una organización social dedicada a la conservación ambiental y el bienestar social de las comunidades, a través de la gestión de conflictos socioambientales, derivados del cambio climático.
Desde el FNDH apoyamos la labor de la Fundación Grupo PROA, un proyecto de aviturismo que ha sido posible gracias al aporte financiero de la Iniciativa Internacional de Clima y Bosque de Noruega (NICFI) a través de la Embajada de Noruega en Colombia.
¿Cuáles son los tesoros del Amazonas en términos de aviturismo?
Kees van Vliet – Colombia es el país de las aves, hay como 1.950 especies en todo el país. El Amazonas es el departamento con más especies de aves, se estima que hay 700 especies. Para los avituristas hay unas [especies] muy interesantes también.
Camila Pérez – En Leticia hay unos lugares muy especiales donde hay una muy alta biodiversidad: está el río Amazonas, los bosques inundables, unas quebradas pequeñas que nacen en la propia Amazonía, bosques de tierra firme. Hay una diversidad en términos de paisaje y de hábitat bastante amplia que permite la gran biodiversidad de aves que hay.
¿Por qué surge la necesidad de cuidar las aves en el en el Sur del Trapecio Amazónico?
Camila Pérez – Es muy importante conservar estos ecosistemas estratégicos de manera integral. Tenemos unos ecosistemas en buen estado con una gran biodiversidad de aves en territorios indígenas. Por su parte, las comunidades [indígenas] tienen un amplio, detallado y complejo conocimiento tradicional ecológico. [El conocimiento] en las aves es impresionante, muy rápidamente ellos pueden hacer el reconocimiento de aves y todo lo relacionado con ellas. Estas comunidades están en la búsqueda de alternativas para trabajar sus territorios de manera adecuada y para mejorar su bienestar social. Es importante resaltar que para estas comunidades, los bosques y las aves son la base cultural. Por ejemplo, en el pueblo Muinane las aves hacen parte de su historia de origen.
¿Qué actividades han realizado las comunidades indígenas para cuidar y preservar estos ecosistemas que habitan las aves?
Camila Pérez – Las comunidades indígenas y nosotros consideramos que el aviturismo ha sido una oportunidad perfecta para que puedan hacer un manejo sostenible de sus territorios. Estas actividades de aviturismo se realizan en pequeños grupos, con un alto valor agregado, y con todos los principios de sostenibilidad y solidaridad para los ecosistemas y las comunidades.
Por otra parte, las comunidades han empezado a ver la importancia de proteger los bosques. Un ejemplo es la Asociación intercomunitaria PAINÜ, que acompañamos desde PROA, ellos se han dado cuenta que su bosque es la base de su organización. Han hecho campañas dentro de sus comunidades para la limpieza y recolección de basura, para evitar la pesca y caza de animales importantes en términos ecológicos, todo esto mediante el conocimiento ancestral de los bosques y desde el respaldo científico.
¿A qué pueblos indígenas pertenecen las personas que están en primera línea por la defensa de las aves y los bosques? ¿A quiénes de ellas acompaña la Fundación Grupo PROA?
Kees van Vliet – Hay muchos pueblos indígenas. En un trabajo que hizo Camila escribió que había 55 pueblos indígenas en Leticia y otros del Vaupés, Guainía, Putumayo y Caquetá. Hay unos pueblos muy grandes, como los Tikunas, los Cocamas, los Yagua, los Yucuna, los Uitoto o Murui.
Camila Pérez – En el proyecto nos vamos a encontrar con una diversidad étnica de 10 pueblos [indígenas] diferentes. Lo más seguro es que vamos a trabajar con los Murui, los Tikunas, los Cocamas y los Yagua. En los últimos años lo que hemos hecho, especialmente con lo de aves, [ha logrado] que los pueblos indígenas se empiecen a comunicar para desarrollar estrategias de manera conjunta para abordar sus territorios multiétnicos. Esto es muy importante porque lo que ha sucedido históricamente es que los dos grupos [quienes se denominan los dueños ancestrales de los territorios y las “personas de centro”] trabajan de forma independiente. ¡Va a ser un gran reto, pero también maravilloso!
¿Cuál ha sido el alcance de los programas nacionales de monitoreo y conservación de aves en lugares como el Amazonas?
Camila Pérez – La institucionalidad tiene muy poco alcance por el presupuesto que manejan y el poco conocimiento del contexto amazónico. A pesar de que las comunidades indígenas les han hecho un llamado a estas instituciones, no se logra por esta limitada capacidad. Por esto, las comunidades son las que están haciendo manejo de sus territorios y tomando las decisiones. Las ONG, las fundaciones y todo lo relacionado con la cooperación internacional son las que terminan acompañando todas estas estrategias e iniciativas de conservación y bienestar social. Tenemos una normatividad y una política nacional en términos ambientales que incluye a las comunidades indígenas, pero en nuestra experiencia ha sido bastante limitada.
Partiendo de su experiencia para la preservación y cuidado de las aves y sus ecosistemas, ¿qué actividades tienen planeadas desde la Fundación Grupo PROA con el fin de seguir fortaleciendo este trabajo liderado por los pueblos indígenas?
Camila Pérez – Este proyecto, a diferencia de las otras versiones que hemos tenido, le apunta a una población indígena muy especifica que vive tensiones en sus territorios, que tiene resguardos muy pequeños declarados por el gobierno [colombiano] o que no tiene territorio. [Estos pueblos indígenas] han migrado a Leticia por el conflicto armado o en la búsqueda de servicios como la educación y la salud. Con este trabajo, le apuntamos a que ellos puedan articularse con las comunidades locales para que puedan hacer uso de los ecosistemas ubicados en Leticia y Puerto Nariño. Por su migración y por su condición de vulnerabilidad, [las poblaciones indígenas] han tenido bastantes impedimentos para desarrollar actividades económicas, y aquí lo maravilloso es que van a tener una alternativa que les va a permitir trabajar en la naturaleza y en los bosques. Eso a futuro podría aportar a que el gobierno pueda reconocerles territorios o resguardos.
¿Cuál es la importancia del conocimiento tradicional en este trabajo?
Camila Pérez – El conocimiento tradicional es reconocido por el Convenio de Diversidad Biológica (CDB) como una herramienta esencial para la conservación de ecosistemas. El CDB es una herramienta de política internacional que ha sido reconocida por la mayoría de los países del mundo y que se aterriza en las políticas nacionales. Nosotros estamos evidenciando que esto sí es así en la práctica y que se pueden crear herramientas divulgativas dentro de las comunidades para aportar a la conservación de estos ecosistemas estratégicos en la Amazonía.
Fotografía de portada: Los participantes desarrollan una actividad enfocada en la taxonomía de las aves desde la percepción del conocimiento tradicional ecológico indígena, 2019. Crédito: Fundación Grupo PROA.