La verdad enterrada sobre la desaparición forzada en Los Llanos de Colombia

Familiares de personas desaparecidas buscan a sus seres queridos en el cementerio del municipio de La Macarena, donde se documentó que hay cerca de 500 cuerpos enterrados.

Colombia es uno de los países del mundo con más personas desaparecidas. Según fuentes oficiales, son más de 80.000 mientras que las organizaciones sociales afirman que la cifra se acerca a más de 120.000.

La Macarena es un pequeño municipio de la región del Meta, una de las zonas más afectadas por el conflicto armado. En 2010, tras protestas de las comunidades, se realizó una audiencia pública con parlamentarios europeos y organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales, donde se denunció la existencia de fosas con numerosos cuerpos en el cementerio local, que se encuentra colindando con la base militar del ejército nacional en esta región. Se han encontrado 386 cuerpos hasta la fecha.

Familiares y miembros del equipo del COFB, al lado de la puerta del cementerio de La Macarena donde se puede leer: "aquí terminan las vanidades del mundo". Foto: Víctor Linares. FNDH Colombia

Carolina Hoyos es una de las fundadoras del Colectivo Sociojurídico Orlando Fals Borda (COFB). Hoyos fue una las voces que denunciaron la existencia de esos cuerpos gracias a las denuncias que recogieron de las propias comunidades. Cuando llegó, junto con algunos colegas de la universidad, se encontró con tumbas que tenían señalizaciones muy artesanales, hechas en el tiempo cuando el ejército colombiano enterraba los cuerpos o se los daba al sepulturero para que lo hiciera, como apuntaron los testimonios que recogieron. “Miembros del ejército nacional los reportaron como bajas en combate y una gran parte de las que ya han sido identificadas corresponden a ejecuciones extrajudiciales”, explica Hoyos.

Estas ejecuciones extrajudiciales forman parte del episodio de la historia colombiana conocida como “falsos positivos”, en la cual las fuerzas militares de Colombia abatieron al menos a 6.402 civiles sin relación con la guerra, entre 2002 y 2008, y las presentaron como bajas en combate. La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), creada a raíz del acuerdo de paz de 2016, fue la que reveló este dato llamando lo ocurrido como un “fenómeno macrocriminal”.

En el caso de La Macarena, Hoyos explica las características que presentan algunos de los cuerpos que ya fueron exhumados: “Muchos cuerpos tienen un solo disparo en la nuca o por la espalda, eso empieza a generar dudas sobre si realmente murieron en combate”. El cementerio de La Macarena, es solo un lugar entre otros muchos de los que se usaron para esconder estos cuerpos. El COFB calcula que en cinco cementerios de la región hay más de 2.500 cadáveres enterrados. Hoyos espera que el trabajo que están haciendo sirva de insumos para que la JEP pueda visitar la zona, y determinar “la responsabilidad de los agentes del Estado que están involucrados en estos casos”.

Carolina Hoyos, abogada del COFB, señala la zona del cementerio donde se encontraron algunos de los cuerpos. Foto: Víctor Linares. FNDH Colombia

La FGN realizó diez exhumaciones hasta la fecha. La última ronda de trabajos tuvo lugar a finales de octubre. El COFB acompañó a varias familias que viajaron desde diferentes lugares porque confían en encontrar en La Macarena la respuesta a la pregunta que llevan repitiéndose incluso desde hace más de una década: ¿dónde están? En un primer momento, las familias participaron en una misa en memoria a sus familiares desaparecidos. Durante la misma, una de las familiares invitó a las presentes a decir en voz alta los nombres de sus seres queridos desaparecidos. Al día siguiente, hicieron un recorrido por el cementerio en el cual tuvieron un espacio con la fiscal encargada de coordinar las exhumaciones y uno de los antropólogos que estaban haciendo el trabajo de campo. Una de las familiares, Tras esto, la fiscal permitió ingresar a la zona de exhumación que estaba delimitada por una cinta amarilla, y donde un equipo de antropólogos quitaban la tierra que cubría tres cuerpos situados cerca de forma paralela a un metro de profundidad.

También pudieron visitar la morgue, un edificio de un blanco tiza, compuesto de un cuarto en forma de ele donde había una camilla metálica y dos filas con 26 bolsas rojas envueltas con cinta con el indicativo de la FGN. En cada una se encontraban lo que se pudo recuperar de cada cuerpo encontrado. Encima de cada bolsa, había una etiqueta donde se podía leer algunos datos como la fecha de la exhumación, las coordenadas, y la posible identidad. Algunas fechas eran de 2012. Unos días después de esta visita, estas bolsas se enviaron a Bogotá donde seguirán un proceso para intentar determinar la identidad de la persona no identificada. Tras este proceso, se realiza un acto de entrega digna donde las familias reciben un informe completo del contexto y las circunstancias en las que murió su familiar. Las familiares pasaron varios minutos en esta sala, señalando algunas de las bolsas.

Una de las familiares señala una de las bolsas almacenadas en la morgue del cementerio, a la espera de ser trasladadas al laboratorio para seguir con su proceso de identificación. Foto: Víctor Linares. FNDH Colombia.

De forma paralela, durante esos mismos días, la FGN organizó una jornada diaria de atención, con el apoyo logístico del COFB, donde las comunidades de la región podían acercarse a presentar su denuncia y también a que le tomaran su muestra biológica para así formar parte del sistema que tiene esta institución donde cruza la información de cada familiar con el material biológico que encuentran en cada uno de los cuerpos que recuperan.

Esta fue la última exhumación relacionado con el trabajo de identificación que se hizo en 2011. Sin embargo, no quiere decir que no haya más cuerpos enterrados en el cementerio. El COFB recibió varias denuncias durante los días que duró esta jornada por lo que seguirán documentando estos casos para compartirlos con la FGN y que se puedan hacer más exhumaciones.

Un largo camino

Esta es la primera vez que se hizo un trabajo coordinado de esta magnitud en Colombia, considerando todo el lugar como “sitio de interés para la búsqueda forense”.

Hoyos explica cómo lo más difícil de este trabajo es contar a un familiar que su hermano, su esposo, su hijo, está muerto. Y hace referencia a cómo estos procesos de exhumación son “muy dolorosos” y tuvieron empezar acciones de apoyo psicosocial para que las familias también puedan seguir adelante con sus vidas.

Una de las familiares sostiene uno de los materiales donde relata quién era y en qué circunstancias fue desaparecido su familiar. Un material que elaboró el COFB. Foto: Víctor Linares. FNDH Colombia.

El camino para la identificación está lleno de trabas que hace que sea un largo camino que a veces dura décadas y que otras nunca termina. Uno de los problemas que se encuentran son las condiciones en las que se encuentran los cuerpos. En La Macarena, el suelo es muy ácido y el proceso de desintegración es rápido. Hubo algunos cuerpos que estaban en bolsas y son los que están mejor conservados. A esto hay que añadir la tardanza de los laboratorio donde reciben los cuerpos. “Desafortunadamente en Colombia tenemos un gran nudo que no permite que la identificación avance de la mejor manera porque las entidades competentes están atiborrados con la cantidad de casos que vive en nuestro país”, se queja Hoyos. Además, explica cómo muchos familiares murieron durante la pandemia y se fueron con la “ilusión de encontrar a sus seres queridos”. Y termina afirmando: “El Estado no ha respondido de manera eficaz a los derechos de las víctimas”.

Familiares visitan la zona de trabajo donde el equipo antropólogo realizaba la exhumación de tres cuerpos. Foto: Víctor Linares. FNDH Colombia.

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El Fondo Noruego para los Derechos Humanos apoya la labor del COFB que acompaña a las víctimas de desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales para hacer exigible sus derechos ante el Estado.

Foto portada: Familiares caminan por el cementerio de La Macarena. Foto: Víctor Linares. FNDH Colombia