Cuerpo territorio: una reivindicación del derecho a decidir sobre la tierra y el territorio

Las mujeres que luchamos por los derechos humanos somos muchas y muy diversas. Estamos en las organizaciones de derechos humanos, en las fundaciones, en los colectivos y las colectivas, en la calle, en la academia, en las aulas como maestras y como alumnas, y muchas estamos en las comunidades.

Esta lucha y esta diversidad, no es una casualidad y no es resultado de la fortuna, es la consecuencia y suma de procesos de aprendizaje, de reflexión, de debate, de intercambio y sobre todo de demandas y del cúmulo de violencias que nos afectan a nosotras y a otras cercanas y lejanas. Este “desperatar” de feminista como llaman algunos, ha hecho visible lo que las mujeres hemos pensado, creado, discutido y hecho juntas o separadas desde hace décadas. Hoy es claro que el poder colectivo de las mujeres está transformando las relaciones de poder, y está generando proceso de transformación.

Mi cuerpo, mi territorio

El cuerpo como territorio es un concepto común entre las colegas que han estudiado y trabajado en procesos de reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres, y cada vez más socializado en espacios de defensa de derechos humanos. Mi cuerpo, mi territorio es un reconocimiento de posesión, de pertenencia, de exigencia y una declaración en contra las múltiples formas violencias que nuestros cuerpos han vivido en diferentes contexto. De igual manera se vuelve una declaración política que lleva a nuevas formas de autocuidado y relación con el propio cuerpo. Actualmente, se promueve la sanación y el cuidado como práctica política para hacer sostenibles los procesos de defensa.

El cuerpo como territorio, como el primer territorio de defensa, se coloca relevante en la concepción comunitaria, en donde la defensa de la tierra y del territorio es un motor de vida y del accionar colectivo. En estos contextos los hombres y mujeres, resisten ante la privatización de la tierra, la destrucción de los recursos naturales y luchan por dignificar la vida. Es de reconocerse que dentro de las comunidades rurales indígenas y no indígenas, se han producido y reproducido todo tipo de violencias hacia las mujeres y las niñas, que han limitado sus derechos humanos, entre ellos, el derecho a la participación en la toma de decisiones. El cuerpo de las mujeres como el primer territorio de defensa, marca para las ellas la posibilidad de decidir, primero sobre su cuerpo, y luego sobre todo lo demás que las rodea; cuerpo – territorio- comunidad.

Las violencias aprendidas deben ser desaprendidas y sanadas a través de procesos que al incorporan sus intereses y necesidades dentro de las agendas comunitarias, y sus derechos sobre la tierra. Desaprender permite a su vez imaginar otras formas de vivir, otras formas de relacionarse y de crear estrategias que incluyan las necesidades particulares de las niñas y mujeres.

El cuerpo como territorio, como el primer territorio de defensa, se coloca relevante en la concepción comunitaria, en donde la defensa de la tierra y del territorio es un motor de vida y del accionar colectivo.

Reflexiones de las organizaciones

En un encuentro de organizaciones de la sociedad civil organizado recientemente por el Fondo Noruego de Derechos Humanos (FNDH) en México, un grupo de defensores y defensoras de derechos humanos compartieron experiencias de trabajo sobre la defensa del territorio. Una de las reflexiones compartidas por la Red Solidaria de Derechos Humanos se enfocó en la defensa del territorio desde la visión del feminismo comunitario que identifica el papel de las mujeres defensoras-sanadoras en la generación de las transformaciones sociales comunitarias. Sanar las violencias vividas en y desde el cuerpo (físicas, emocionales, sexuales) para demandar el fin del despojo y extractivismo en la comunidad son parte de esos procesos de transformación. De igual manera, en voz de Tequio Jurídico, una organización que acompaña la lucha de comunidades indígenas en Oaxaca, las defensoras comunitarias han sido actores invisibles de estas transformaciones, el reconocimiento a sus aportes en el avance de los derechos humanos de las mujeres ha sido poco o nulo.

Foto del trabajo de la Red Solidaria de Derechos Humanos

Según las experiencias de las organizaciones involucradas en procesos comunitarios, no reproducir las opresiones vividas, se vuelve la premisa para la transformación social. El impulso de estos procesos para después transformar la realidad ha sido clave en el avance de los derechos humanos de las mujeres, así como en la demanda de los derechos colectivos de las comunidades indígenas y no indígenas en la defensa de su territorio. Así el derecho a la participación de las mujeres en la toma de decisiones sobre la tierra y el territorio, pasa por la toma de conciencia y el ejercicio del derecho a decidir sobre su propio cuerpo, en la no repetición de las opresiones ejercidas y vividas, y en la transformación de las relaciones de poder en la comunidad. Es un proceso que requiere de acciones individuales y colectivas, y de cambios sociales, sin olvidar los cambios legislativos y las prácticas comunitarias.

El derecho de decidir sobre el propio cuerpo es una declaración de paz sobre un territorio que ha sido violentado de muchas maneras, durante mucho tiempo y que vive en constante resistencia.

El derecho de decidir

El derecho de decidir sobre el propio cuerpo es una declaración de paz sobre un territorio que ha sido violentado de muchas maneras, durante mucho tiempo y que vive en constante resistencia. Es una demanda de derechos que han sido negados y una declaración de fin a la violencia. Cuerpo territorio, capturado por las empresas para la elaboración de productos, cuerpo territorio capturado por la policía o militares en las manifestaciones y conflictos armados, cuerpo territorio capturado por el crimen organizado, cuerpo territorio capturado en los hogares, cuerpo territorio como botín en el transporte, la escuela, la calle. Cuerpo territorio como un concepto que libera y que invita a amar y defender lo que es nuestro.


The NHRF invites different actors within the human rights field to contribute on this blog. The opinions expressed here are those of the authors.